sábado, 19 de septiembre de 2015

¿Sabes?

Me cortas ¿sabes?
Me cortas con miradas, con silencios, con sociego
¡Mierda! me cortas con vacíos
Con ausencia, con falta de ti
Me cortas con los besos que ya no puedo proclamar como míos
Me cortas con tus ásperos actos
Con la idea de un quizás que se queda en ideas
Me cortas cuando antes solo sanabas

Me sanas ¿sabes?
Me sanas con miradas, con palabras, con suspiros
¡Mierda! Me sanas con presencia
Con abrazos, con caricias
Me sanas con los besos que remembro proclamando míos
Me sanas con acciones
Con la idea de un quizás tan eterno y tan efímero
Me sanas aunque me cortes.

Y si me sanas
Y si me cortas
Y si proclamo tus besos y a la vez los desahucío
Y si me llenas los vacíos con presencia
Y le robamos a lo eterno el quizás tan efímero

Pero me sanas y me cortas
¡Mierda! Me sanas y me cortas
Y a ti te da igual

sábado, 13 de junio de 2015

Concurso

El día de hoy los invito a hacer parte de este hermoso concurso: http://lector-joven.blogspot.com/2015/06/sorteo-4-y-lectura-conjunta-te-daria-el.html?showComment=1434260953086#c69865311571783519
La oportunidad de ganar la mejor creación del universo... Un libro :D y no cualquier libro... Te daría el sol... del cual solo he escuchado cosas maravillosas. Anímense a participar :3

miércoles, 20 de marzo de 2013

Ayy tu mirada..

Secretos esconde tu mirada. Mil para ser exactos. Los veo correr siempre entre tu iris y tu pupila mientras me dices que mi sonrisa ilumina al mundo. Hay dos tipos, esos que se te escapan y esos que sabes guardar. Estos segundos son los que a mí me gustan porque son aquellos que calla tu mirada cuando cierras los ojos y se rozan nuestros labios. En cambio a los primeros debo confesarte que les temo, porque son tantos que se mezclan, se entrecruzan, se revuelven y me dejan hecha un mar de inquietudes. Pero hoy me dispongo a sembrarte la duda, un poco de turbación y otro tanto de desasosiego porque ¿sabes? Mi mirada esconde mil uno.

viernes, 1 de marzo de 2013

Sabía que te quería.

Sabía que te quería. De eso estaba segura hace tiempo, incluso antes de que me hablaras por primera vez, pues en mi pequeño mundo sin lógica, el saberte existente en medio de los brazos de otra, el saberte feliz y jovial, el saberte poeta y músico fue más que suficiente para saber que te quería. La primera vez que lo supe fue aquella noche de enero en la que tu amada de entonces leyó en vos alta un pequeño panfleto que le habías dado ese mismo día pues era uno de recordar. Tus palabras eran tan cálidas que helaron mi corazón por un pequeño instante. No te conocía, solo te había visto algunas veces caminando por la calle, con tu look de quien escucha música pesada que incluso cierto miedo causaría. No sabía nada de ti, pero no fue sino leerte para saber que te quería. Los meses pasaron y te quise en secreto, creyéndome desmerecedora de tu amistad, de tu mero compañerismo. Te veía de lejos y solía suspirar en secreto para mis adentros. Y entonces llegó un día de cambio en el que me enteré de que algo había ocurrido en el corazón de aquella y que ya no eran nada más que recuerdos. Sentí la necesidad, la oportunidad, el deseo de aprovechar esa brecha en tu camino para acercarme y conocerte un poco más. Saber si el dueño de esas letras era un alma partida o una risa libre, de esas que lleva el viento. Me vi obligada a comenzar tan esperada conversación, con un miedo total. De tu rechazo, de tu indiferencia, de que simplemente no te agradara mi mera existencia. Pero me lancé al abismo cual animal que ataca a su presa. Todo sucedió muy normal. Yo solo era una persona más que entraba en tu vida. Como esas que vienen, se toman un tinto y luego se van. Igual a mí con eso me bastaba. Pero cuando creí que todo mejoraba una tormenta de felicidad y amargura te empañó el parabrisas. Aquella mujer de tez blanca, cabellos largos y lacios, labios rosa pálido, vos potente y melodiosa y personalidad arrolladora, como una tornado en medio de la llanura arrasó con todo a su paso dejándote vacío e impotente. Desde aquel primer momento en que se vieron estaba marcado que algo no volvería a ser igual. Se dejaron llevar por las emociones, por las sonrisas y las risas, hasta que en algún momento sus labios sellaron un pacto que para tu corazón sería mortal. Te hechizó cual bruja africana, madre de todos los saberes sin poderlo evitar. Yo mientras tanto observaba todo desde las sombras y era incapaz de odiarla a ella porque de cierta manera a mí también me había engatusado con su forma tan bella de alegrarle a uno la vida. Aún así y viéndome como un punto intermedio decidí lanzar los dados y ver como jugar mis cartas. Me convertí en cierto Hermes clandestino, que lo único que podía hacer era darte esperanzas de que las cosas mejorarían. Me convertí en tu cómplice, tu compañera, tu paño de lagrimas, tu confidente. Te leí llorar tantas noches que perdí la cuenta y a pesar de que me rompía en pedazos pequeños, con el paso del tiempo solo quería que fueses feliz, razón por la cual intentaba convencerla de que volviera a ti. El tiempo pasó y ella se enamoró, como muy pocas veces en la vida. No estaba escrito que sus caminos se encontraran, fue tan solo un tropiezo que barrio un pedazo de tu alma. Lo meses marchaban con lentitud y en tanto esto ocurrió yo había descubierto algo nuevo, algo diferente y distinto a todo. Un hombre que llenó de pasión y de querer mi ser pero que al final soló supo acabarme lentamente. Fue bello lo que duró pero el destino nos separaba con frecuencia y nosotros como seres rebeldes y obstinados seguíamos con nuestra jugarreta negándonos a lo evidente. Lo quise, es verdad, pero nunca fue eso suficiente. Las cosas estaban llegando a su fin. Yo había cometido algunos errores, el unos más y llegó ese momento que se repite unas miles de veces en la vida de cada persona cuando todo parece oscuro y sin vuelta a atrás. Me sentía triste y sola, el sol no parecía alumbrar, aún cuando yo abría mis ojos los más que podía e intentaba mirar al cielo con gran vehemencia. Así que de pronto apareciste de nuevo, mostrando cierto interés por mi pena y yo acepté tu compañía con gusto. Me contaste de como había aparecido por allí alguna chica ya hacía unos meses. Fue algo bello pero corto e igual así te sentías bien, pero que había cierto interés por una bella morena de finas curvas y vos majestuosa que habías conocido hace ya mucho tiempo. Ella era mi amiga. Al principio no me importó, la verdad solo deseaba gozar de la grata compañía que me brindabas  esa que le daba algo de luz a mi oscuridad. Te apoyaba, te aconsejaba, te ayudaba, como siempre hice y así fue como lentamente recordé que te quería. Las charlas se hicieron más frecuentes y mi ritmo cardíaco se empezaba a alterar más y más. Pero yo sabía que tú no sentías nada por mí y es que ¿por qué habrías de hacerlo? Pero uno nunca sabe como son las cosas con el destino y cuando menos piensas el sol sale más brillante. Soy de aquellas personas que creen que cuando las cosas van mal es porque vendrán mejores y así es que a mí me ocurrió. Eso que jamás creí, eso que solo parecía real en mis sueños más locos se vio aparecer por una esquina, como eso que quiere pero no está seguro de que deba ser. Entraste por la puerta de en frente, como el dueño de todo, para llevarte lentamente mi cordura y mi corazón.

sábado, 19 de enero de 2013

Tal vez fue la cafeína.

El hombre, al verse inmerso en una completa soledad, escribe. Por tristeza, por desolación, o simplemente por desahogo e inspiración. No es la soledad en sí, es la causa, la consecuencia, el por qué y el para qué. No nos damos cuenta de ella sino hasta que palpamos en el aire los sabores de lo amargo que se siente el no tener nada, porque es así, precisamente como se siente la soledad. Pero incluso entonces sin él no se escribiría, ¿no es verdad? Tal vez sí, pero no de la misma manera como lo hago yo hoy. Y es que es exactamente como me siento yo ahora. Ahora que solo queda polvo en el cenicero y el humo disipado de tu ausencia.
Éramos tan disparejos que era precisamente eso lo que nos hacía más cercanos. Tú, con tu olor a loción de Hugo Boss mezclada con un poco de alcohol y nicotina y yo, con un poco de hedor a transmilenio y perfume barato. Si algo puedo decir es que te amé de la misma manera en que te odié. Te amaba a ratos, esporádicamente, cuando por lo general era recíproco, así como aquella tarde en que te sentaste en mi sofá a tomarte un café con mucha cafeína mientras contabas las pestañas de mi ojo izquierdo. Sí, del izquierdo, el más pequeño de los dos. No, no del derecho. Del izquierdo. Todo porque creías que en la delgada línea que hay entre la pupila y el iris de ese, se encontraba la parte más pura de mi ser, la más inocente, esa que se confundía con la frescura de una madrugada frente al mar. “218” cantaste victorioso, con esa voz de pequeño infante que se acaba de encontrar una moneda en la calle. Siempre me pregunté por qué lo hacías, qué ganabas con eso, pero nunca lo dije en voz alta por temor a que te detuvieras. Pero había otras veces en las que simplemente te odiaba. Te odiaba con cada poro de mi piel, con cada vena de mi cuerpo, por la cual fluía sangre hirviendo de la rabia en medio del estupor de saber que podía llegar a sentir semejante sentimiento por ti. Como cuando te marchaste. Habías llegado en la tarde, estaba lloviendo y pude ver como por tus rizos casi perfectos escurrían gotas y más gotas sin parar. Yo no estaba de ánimo. El trajín del día a día me tenía consumida y salías con esos comentarios de que me haría vieja a los 40, así que simplemente nos recostamos. Tú a la derecha, en el borde de la cama, como siempre, porque tu maldito reloj interno te levantaba a mear justo antes de la madrugada, y yo en la izquierda, pegada a la pared. Jamás supe si lo hacía porque amaba el frío o porque quería hacerte sentir cómodo. Escuchar la lluvia me calma, me relaja, me desaparece, por eso cuando me desperté a las 7:15 am me sentí como el ser más negligente que haya pisado la tierra. Ni si quiera lo hubiese hecho sí no fuese porque sabía que amabas tomar café apenas te levantabas, con mucha cafeína, por supuesto, ya que qué sentido tenía que existiera si la mayoría de la gente la usaría para mantenerse despierto y no para disfrutarla. Pero el problema fue que esta vez solo había un espacio vacío. Te habías marchado sin despedirte y mis miedos escavaron en lo más profundo de mi memoria, recordándome que como otros antes podrías no volver. Así que descalza, en medio del aguacero salí a la calle. Se me empapó la cara, pero esta vez la razón no era la lluvia. Me arrodillé en el barro y sintiéndote perdido comencé a sollozar. Y fue en ese momento, en ese preciso momento, que te odié. Te odié porque me hiciste débil, porque me lo recordaste, cuando ya me sentía tan impenetrable como una roca. No te odié por haberte ido, te odié porque después de todo, la felicidad terminó convirtiéndome en dependiente. Te conocí en aquel bar donde recitaban poesía. Te gustaba Neruda, lo recuerdo bien. La pasión con la que escribía, mezclando la carnal con la de su propia patria. Me recitabas "El insecto" de memoria, de manera tan ferviente que no me creía que fuese escrito por otro. Solías susurrármelo al oído porque según tú era exactamente como te sentías hacia mí. Cuando llegaba al final, mientras leías, contabas las aberturas de mis dedos. Siempre. Como si te asustara que algún día dejaran de ser ocho. Independientemente de todo siempre me gustó tu forma de ser. Loca, libre, salvaje e indomable. En fin, eras un hombre de sentimientos y de pasiones. Y de café, demasiado café. Tal vez hubiésemos sido felices, tú queriéndome y yo dejándome querer porque si vamos a ser sinceros siempre fue así. Recostándonos bajo el césped solo por el placer de ver la copa de los árboles acariciados por el viento, haciendo ese tipo de cosas que a nadie le gusta hacer porque son tontas, estúpidas e infantiles. Recuerdo aquella vez que saltamos en la cama hasta que se rompieron las tablas. Ese día dormimos en el piso pero creo que jamás hasta hoy jamás he dormido tan bien. Después de aquella mañana lluviosa en la que te marchaste, no te volví a ver por un largo tiempo. Al principio solo creí que será como cuando estabas molesto por algo y queriendo escapar del mundo te ibas lejos. Pero pasó el tiempo y no volvías. Fue entonces que comprendí que te quería más de lo que imaginaba, más de lo que hubiese deseado, más de lo que podía soportar. Incluso llegué a añorar los momentos en los que te odiaba. Qué ilógico ¿No crees? Y después de ese tiempo de duelo te odié más que nunca, más que siempre. Me habías dejado sola y gracias a Linda, tu prima la que trabajaba en la tienda de zapatos, la eufórica, coqueta, que siempre me saludaba, me enteré de que estabas en la ciudad. Sí era cierto que te habías perdido del mundo por un rato, pero habías vuelto y me habías olvidado. Yo y mi maldito orgullo nos sentamos noches enteras a esperar que el estúpido teléfono sonara y ahora que estoy confesándolo todo te diré abiertamente que odio a esos objetos de mierda. Hoy es el día en que me levanto preguntándome qué hubiese ocurrido si no nos hubiésemos reencontrado. Quizá te hubiese olvidado y hubiese seguido con mi vida vacía y sin rumbo o quizá simplemente hubiese muerto de desolación, pero de cualquier forma no fue así. El día en que te encontré en el parque leyendo un libro de Caicedo, tú nuevo autor favorito, casi ni te reconozco. Estabas tan demacrado, vuelto nada. Y es que nada eras. Me senté y me contaste que aquella tarde te habían diagnosticado leucemia y que preferías irte, a que muriera contigo porque ambos sabíamos que así ocurriría. No ibas a luchar contra ello porque simplemente preferirías vivir al máximo el resto de tiempo y morirías a los 25, igual que "Andresito", como ahora le decías. Después de ello nunca me volví a mover de tú lado y tú creyéndolo egoísta no me lo impediste. Incluso en los peores momentos recuerdo que bromeabas diciendo que lo que teníamos era un amor como el de Angelita y Miguel Ángel, de adolescentes, fugaz y mortífero, pero vengo a entender ahora que por fin me digné a leer "Angelitos empantanados". Jamás recé para que mejoraras porque así como algunos creen en un dios, yo creo en la luna. No para que me ilumine y no me tropiece con las piedras, sino para aprender a navegar en las aguas turbias y mansas de un destino incierto pero que a fin de cuentas, sabroso es. Solo espero que si existe un cielo, en este momento los estés jodiendo a todos de la risa con tus ocurrencias, pero eso sí, que te prohíban tomar café como a ti te gusta, porque a mí nadie me saca de la cabeza que la razón de tu partida tal vez fue la cafeína.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Confusión

No es solo el hecho de que haya entrado una persona nueva a mi vida, es también el saberte distante, el ver como has cambiado con el tempo. Aquellas conversaciones que ya no volverán. Cuando solías decirme que era hermosa, que me adorabas demasiado y no entendías el porque de esos sentimientos nacientes. Me duele, aunque no lo demuestre, porque me siento conformista y porque estoy segura de que yo doy mucho más por esta relación. No niego que hay cosas buenas, momentos en los cuales siento tu apoyo por encima de todo, pero entonces las cosas se vuelven monótonas y mientras yo te ayudo a salir a adelante, a que los problemas que tienes se minimicen, yo me quedo estancada, esperando que cambies como yo lo he hecho, esperando que esto no se convierta en un " yo te ayudo y es esa la única razón de que me hables". Lo adoro, muchísimo, pero lo que más me temía está ocurriendo. Mientras tu intentas quererme más, yo intentos desenamorarme más y lo triste es que lo estoy logrando. No puedo evitar pensar en todas las cosas que hacías por ella y que jamas harás por mí. Me duele y no te lo puedo echar en cara porque es simplemente algo que desearía te naciera. Además por otro lado está el. Dulce, tierno, en ocasiones intenso, pero de la forma más hermosa que conozca. Me dice tantas cosas bellas que no puedo evitar enamorarme y ya no se que hacer. No quiero dejar pasar la oportunidad de que alguien llegue a amarme como el a ella, de una forma tan loca, pura y apasionada, de una manera que dan ganas de ser amada. Que hacer? No lo sé. Solo espero que algo me ilumine, porque lo único que tengo claro en este momento es que no quiero perder la amistad de ninguno y se que aunque debería pensar primero en mi bienestar y en mi dignidad no puedo evitar creer que si el no hubiera aparecido a mi me no me importaría lo que hiciera con tal de que se quedara a mi lado. Esperaré a ver que ocurre, si decide dejarme de lado, olvidarme, si le va a valer la fecha en que nos volvimos pareja y entonces tomaré una decisión. Tal vez está cambiando y yo no lo veo o por el contrario las cosas siguen de la misma manera y yo intento verle el lado positivo.

jueves, 1 de noviembre de 2012

El primer amor



Recuerdas la primera vez que fuiste a un concierto, a uno de verdad, de esos locos y estruendosos en los que a veces no estas muy seguro si es eso la realidad o solo un sueño? 

O cuando tu papa te dijo por primera vez lo orgulloso que estaba de ti y simplemente las lagrimas de felicidad y satisfacción brotaron de tu cara??

Tal vez la noche en que recogiste más dulces que otros niños en Halloween y no podías hacer nada mas que alardear, nunca con la intención de ser engreído?? 

Y por qué no la vez que entendiste algo que antes no, porque eras muy chico para hacerlo y que entonces pasó de ser un descubrimiento fantástico a un duro recuerdo, porque precisamente ya sabes cual es la verdadera razón de por qué la abuela ya no puede tejerte más suéteres? 

Pero por otro lado, también recuerdas aquella vez en que te enfermaste y no pudiste salir a jugar, precisamente aquel día que ya tenías permiso y que todos tus amigos saldrían a divertirse?? 

O también el momento cuando le dijiste "Suéltame", creyendo tener todo el control sobre tu cuerpo, cuando ya parecía que la bici y tu eran uno solo. Pero de repente >< Pumm >< , era solo una ilusión y un pequeño rasponcito apareció ?? 

Y hasta el día en que dejaste de ser tu la persona más tierna de la familia, porque llegó un integrante nuevo, al parecer una criatura con poderes mágicos que lograba captar toda la atención y sin razón aparente causó en ti aquel sentimiento frio e ilógico lleno de impotencia que luego conocerías como celos?? 

Todas esas veces en las que por cosas del destino y de la vida te sentiste desnudo e inquietado porque tienes el placer de experimentar algo nuevo, algo que tiene una mezcla de melancolía y jubilo, 

                                          Así... para mí, es como se siente el primer amor…